domingo, 5 de octubre de 2025

 

            Francés, latín y mi amigo Rafalín


Cuando me senté frente a la pizarra en el banco del pupitre, a mi izquierda junto al muro medianero se encontraba de pie y de perfil mi compañero Rafalín Navas, le pasaba algo raro, estaba colorado como un tomate, las piernas ancladas sobre las losas del suelo1 y, de cintura para arriba tenía un tembleque que parecía una lavadora en proceso de centrifugación.

Se estaba descuajaringando debido a un ataque de risa que no podía controlar, aunque no emitía sonido alguno hacía esfuerzos titánicos para, además de taparse la boca y nariz, intentaba llegar con el dedo pulgar a la oreja para evitar que el ruido pudiera salir por allí. No tenía en cuenta que por el tercer ojo podía descomprimirse en un segundo como un globo inflado.

Me preguntaba ¿Qué habrá maquinado que lo tiene entre la espada y la pared? ¿Por qué ese ataque de risa incontrolada? ¿Y esos esfuerzos enormes para no irrumpir con un ataque descontrolado de risa?

       Me miro y rodeando los dos pupitres dobles se sentó a mi derecha

       ¿Qué te ocurre?, pregunté

       “He pensado que voy a poner una “n” entre la “g” y la “i” para que en lugar de “Cogito” quede en “Cognito”, y le voy a decir a Vicenta que lo lea en francés”, lo que vendría a ser, en nuestro idioma” “coÑito”.

 Ahí estaba la respuesta a mis preguntas, el curso pasado estudiamos francés y aprovechando la “Ñ” francesa, quiso hacer un injerto con “Cogito” añadiendo una “n” a la “g”. Tuvo unos reflejos como el café Nestlé, instantáneo.

       Me puse tanto o más colorado que él, sentí pánico, un calor inundó mis mejillas, y respondí algo como: ¡No hagas eso, por favor, no seas loco! Se levantó y, resuelto, dijo que se lo iba a decir, aquello me acongojó más, pero él se dirigió hacia Vicenta y “no parose, fuese y no hubo nada”

       Lo bueno es que Vicenta no se enteró, quizás fuera la tercera en ruborizarse.

       Éramos muy cortos, más que un tanga. Muy formales, tanto como que parecía que nos hubieran almidonado como a los cuellos de aquellas arrugadas camisas blancas, la rigidez nos dominaba, pero era lo que había, lo estricto se convierte en costumbre y no piensas otras posibilidades.

       Sin embargo, sin saberlo, éramos “tan natural como el agua que llega corriendo alegre desde el manantial”, de la canción “Soledad” de nuestro paisano Emilio José. La naturalidad estaba tapada por una fina capa de adolescencia y, la verdad, no nos acuciaba lo de ser más atrevido.

El ingenio de Rafalín  

       Era un romántico pese a la ocurrencia que había tenido, por ejemplo, cuando decían algo de alguna fea, mi amigo respondía:

 “La suerte de las feas las bonitas las desean”.

       En las tardes pardas y frías que amenazaban lluvias, de su boca salían palabras tan bonitas como: “No hay sábado sin sol ni mocita sin amor”.

       Siempre era un pronóstico feliz para la afligida, haciendo que no se desesperaran y mantuvieran una actitud de ilusión, se sintieran bien, y todo lo que sigue2

       La cogorza

       Con Rafalín pille la primera cogorza (o “pea”, como solía decirse por entonces), fue un 6 de septiembre de 1961, estábamos en la escuela de la calle el PraO, frente al albardonero, donde se trasladó el Maestro desde la calle Algarrobo.

Cualquiera se puede preguntar ¿Cómo sabe la fecha?

 Muy fácil, el curso comenzaba a finales de mes o primeros de octubre. La primera vez que pisamos aquella casa fue el 6de septiembre, ¿Para qué? El Maestro nos convocó:

-      A primeros de cada inicio de curso y con tiempo suficiente había que hacer el pedido de los libros.

-      Agosto era un mes inhábil, en julio, o antes, las editoriales dejaban la faena hecha, pendiente de su distribución a los centros de enseñanza y llevaba un tiempo la recepción y entrega de los textos. Esa fue la razón, no había “Amazon”.

-      Lo que más me gustaba de los libros nuevos era separar las páginas que venían pegadas de la imprenta y el olor de las tintas que fluían de sus pastas; al igual que el olor de la gasolina o el humo del tabaco rubio. Tienen en común que ninguno es sano, pero, por lo menos no disgustan, o gustan.

 

-      Era la onomástica de Rafalín, me invitó a celebrarlo junto con dos más, creo. Fuimos a la calle Velasar, casi arriba, y comimos y bebimos mucho para nuestros cuerpecillos serranos ¡Qué mañana más completa la de aquel día memorable! Qué ganas de vomitar, qué malito me puse.

Voy a completar el plantel de personas que nos acompañaba en la clase de latín:

-      Profesor: Joaquín Ontiveros, con sus gafas y sus conocimientos.

-      De lo primero que nos dijo para animarnos fue la siguiente “sentencia”: “El latín es la lengua madre y el tostón padre”, y era verdad

o   La clase era de media hora, los martes de 14:30 a 15:00. Para ello el Maestro nos tomaba la lección antes que a los de otros cursos con el propósito de regresar pronto para continuar con la sesión de tarde.

o   El horario de la escuela era de 07,30 hasta la tarde bien tarde, se hacía de noche

o   En comparación con los demás centros, a las 9 de la mañana llevábamos casi 2 horas de ventaja. Todos los días se daban las 6 asignaturas más importantes.

o   Teníamos dos pausas para desayuno y comida

o   Otros alumnos de curso eran: Adelita, Vicenta, Francisquito, Alfonsillo, José Mari, Toleo, Rafa, los mellizos Aledo, etc., Toleo era el más serio y se dedicaba a estudiar, debía sacar muy buenas notas por su esfuerzo y constancia.

o   Los demás, también, no existen lectores de horas que valorara el esfuerzo de cada uno. En lo que me toca no estudiaba mucho, prueba de ello fue que, entre mis compañeros todos aprobaron y el grupo se disolvió como un azucarillo, cada uno siguió su marcha según sus posibilidades. En cuanto a mí, amarrado a un duro banco de una galera turquesca, seguí con el Maestro en la calle La Fuente. Había aprobado sus oposiciones y lo hicieron fijo en el pueblo para dar clase a los “Analfabetos”, así se decía, no implicaba nada peyorativo decir pan al pan, nadie se ofendía, muchos no tenían tiempo por el día y se apuntaban por la noche.

o   Una maldita madrugada, allá por noviembre o poco más tarde de 1964, nos dejó huérfanos: El Rubio, Pedro Caballero, Marcelino… pasamos a la Academia de la Aurora.

o   No pensaba alargar tanto este escrito, pero algo me ha llevado a salir de lo inicialmente propuesto, y he querido recordar a un gran hombre que luchó y venció en multitud de circunstancias adversas que tuvo día a día. La vida no era fácil para nadie, pero la del Maestro tenía un plus más en las dificultades.

o   La última vez que visité su tumba fue un 20 de octubre de 2013, Conchi Urbano Morales, su hermano José Mari y el que suscribe, paramos en el cementerio y, en silencio, le hicimos un homenaje: recordarlo y agradecerle el titánico esfuerzo que tuvo que hacer en el mundo de los vivos, por su tarea de enseñarnos para poder salir adelante en la vida.

o   Llegamos a Luque, hablamos de tomar un café antes de subir a la calle Algarrobo, pero Conchi dijo: vamos para arriba, y todos la seguimos.

o   Cuando me enfrenté a la cuesta de la calle Fernando, me pareció increíble la pendiente de aquel primer repecho. Una barra y unos escalones nos sirvió para poder subir la primera rampa, por lo menos era más fácil. Recuerdo al Pulío padre, que, en 1961, cuando subíamos para la escuela, el hombre bajaba para ir a la plaza de abastos, creo que tenía una pescadería.

o   Y así pasaron los años, recordando lo mejor de la vida y esperando ¿qué?

Zaragoza, 5 de octubre de 2025

Luis Gil Amores 20:24

Las fiestas del Pilar comenzaron ayer, 4.

Siempre echo de menos a mi amigo Antonio Martos Briones y a Encarna, por los buenos momentos que pasamos en Semana Santa y Pilares

Todo se acaba


Notas: 

1 . El enlosado de la casa era como un tablero de ajedrez: blancas y negras. En cambio, el de la terraza eran losetas rectangulares de color teja con un pequeño dibujo en su centro. El albañil que hizo aquel trabajo dejó una obra de arte: todas perfectamente alineadas y pegadas al suelo que cubrían. No es baladí lo que digo, en estos tiempos modernos y con máquinas mejores, las losas de las aceras se levantan tanto que suponen un riesgo. Por la ribera del Ebro pasa otro tanto, así que los tropezones están a la orden del día.

    Algunas veces el Maestro nos llevaba a la terraza y hacíamos unas flexiones para estar preparado por el examen de gimnasia, de manera que el suelo y nuestros ojos estaban a un dedo de distancia.

2 . En la Cartilla del Guardia Civil, uno de sus artículos comenzaba de igual manera: "Será  un pronóstico feliz para el afligido..."


















francés, latín

No hay comentarios:

Publicar un comentario